Página 37 - SENOHI

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RELATOS DE AMBIENTACIÓN HISTÓRICA |
I SENOHI
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comenzó a echar hacía atrás las sombras de sus cuerpos. Rondaba el mediodía. Fue entonces
cuando los recuerdos comenzaron a batirse, como si estuviese en aquél patio de Sevilla, entre los
limoneros y naranjos de la infancia.
Al cabo, tras casi una larga hora de silencio y observar el infinito, se levantó a dar la espalda
al mar. Las casitas de los pescadores se dibujaban en perfecta sintonía frente a ellos, con las ventanas
cerradas, mirando el horizonte.
-Quien pudiera vivir ahí, libre ya de toda preocupación.
En retorno fue silencioso, a pesar de que el sol disfrazaba de luz el comienzo de la tarde.
Regresaron al cobijo del hotel, a esperar la noche y la amanecida del día siguiente, mientras
los pulmones, y el corazón, comenzaban a apagarse. A pesar de que, en Colliure, parecía que se
encontrasen en cualquier pueblecito de la costa española, pues por todas partes se escuchaban ex-
presiones en español. Tantos eran los refugiados que llegaban a diario, a la espera de continuar el
éxodo. Hasta que para Antonio llegó la mañana del último viaje.
La había escrito y cantado en sus poemas: ligero de equipaje…
Era miércoles de ceniza, polvo al polvo iluminada la tarde por las luces del 22 de febrero
cuando, llegando las agujas del reloj a las cuatro Matea se dio cuenta de que la respiración se
hacía más pausada cada vez.
-Se muere -musitó.
-No –corrigió Andrés-, él comenzará a vivir otra vida, nosotros somos quienes comenzamos a
morir.