Página 70 - SENOHI

Versión de HTML Básico

se había quebrado por el impacto. No podía cruzar toda Alemania sin un billete. Se sacudió el polvo del
abrigo, confirmó qué el vendaje estuviese en su sitio y atravesó las decenas de raíles que le separaban de
los andenes. La suerte fue su aliada por esta vez, ya que muchos de los transportes diurnos descansaban en
vías muertas durante la noche, lo que le sirvió para resguardarse entre los vagones sin ser visto, mientras
avanzaba hasta el lugar destinado únicamente a los pasajeros. Entró en la inmensa bóveda de la estación
por donde solo lo hacían las máquinas e intentó pasar desapercibido. Un par de curiosos lo miraron des-
concertados. Le importó un bledo.
Llegó a la taquilla. No se lo podía creer: a esas horas de la noche, una anciana preguntaba torpemente
por los horarios de toda la semana. En el local contiguo, la oficina de telégrafos estaba a un minuto de
cerrar. Se abalanzó sobre la ventanilla y aporreó su cristal. El oficinista se percató y asomó su nariz por la
pequeña oquedad semicircular. Su rostro portaba un visaje enfurruñado y los ojos no paraban de mirar un
moderno reloj de muñeca. Fritz rogó al empleado, que ya se preparaba para abandonar su puesto en el
cable y regresar con su familia o con aquello que hiciese cuando salía
del trabajo. Fritz habló demasiado frenético, rozando el impulso sal-
vaje:
—¡Alto! ¡Necesito enviar un mensaje! ¡No se vaya, por Dios!
—Está bien, está bien, tranquilo... ¿Adónde quiere enviar el tele-
grama?
—A Frankfurt, por favor.
—¿Nombre?
—¡Es… es… muy urgente! —se apresuró a decir el director al
mismo tiempo que rebuscaba acelerado algo en los bolsillos de su pan-
talón.
—Sí, sí, no tenga cuidado: no existe forma más rápida para avisar
a alguien por correo… —El telegrafista le obsequió una mirada des-
confiada—. ¿Nombre, si es tan amable?
—Gerda Maurus.
—¿Asunto?
—Todo está escrito aquí... —dijo Lang, apremiando al telegrafista
y tendiéndole el trozo de papel que había aparecido al fin—. La direc-
ción postal va en el anverso.
En su momento no se lo pareció, pero planear aquellas líneas
dentro del taxi había sido un gran acierto. Ahora podría poner sobre
aviso a Gerda antes de que ella descubriese por la prensa su vertiginosa
espantada.
De vuelta a la taquilla, mientras estaba adquiriendo su pasaje, se esforzó en atisbar más allá de los
ventanales de la entrada. Los soldados, encabezados por el sargento, habían terminado sus comprobaciones
y se dirigían al interior de la instalación ferroviaria. Casi arrancó el billete de las manos al atónito vendedor
y se escabulló con prisa directo a los andenes. El tren, cerrado a cal y canto, esperaba su salida rugiendo
como un león mecánico. Fritz saltó a las vías, rodeó la locomotora a trancos sobre las piedras e investigó las
puertas por el otro lado. Nada, en esta ocasión no hubo suerte.
Fritz permaneció parapetado detrás de su escondite rugiente hasta que los militares llegaron a los an-
denes. Por el espacio vacío entre los vagones, vio al oficial que, airado, daba órdenes a sus subalternos.
Podía ver también el horror en los rostros de la gente que esperaba a que el tren se pusiese en marcha,
podía apreciar la terrible inseguridad generada por esos hombres uniformados que tenían por oficio lo con-
trario: velar por el bienestar del pueblo. Esos hombres inspeccionaban con un ahínco que a Fritz se le antojaba
desmesurado, aunque después de tanto imaginar agonías el exagerado podría ser él. Dos de los soldados
registraron el interior del tren cuando el jefe de estación les abrió ante las recelosas miradas de los pasajeros,
que aguardaban en los andenes lo más alejados posibles de la escena. Temían, al igual que Fritz, ser con-
siderados sospechosos y que se los llevaran detenidos, acabando ahí su viaje. Así funcionaba la Alemania
de Hitler. Fritz además tenía el agravante de la popularidad y un disparo en el hombro, algo que como
mínimo obligaría a la llamadita de rigor al cuartel general.
el oficinista
se percató y
asomó su
nariz por la
pequeña
oquedad
semicircular
RELATOS DE AMBIENTACIÓN HISTÓRICA |
I SENOHI
|
70
|