Página 80 - SENOHI

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RELATOS DE AMBIENTACIÓN HISTÓRICA |
I SENOHI
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dirección a la vieja mastaba. Quizá fuera momento de investigar, sabía que las huestes de Marco
Antonio, batidas en retirada, todavía dominaban parte del inmenso cúmulo de oasis que cercaban
Siwa.
Caminó procurando no hacer ruido, la puerta entornada se agigantaba en la oscuridad, invitán-
dole a cruzar el umbral, un cimbreante resplandor de antorchas le llevó a través de unas escaleras,
hasta la cámara mortuoria, donde los jeroglíficos de las paredes parecían tomar vida propia.
Una especie de siseo le previno, dos encapuchados murmuraban frente a una gran losa. Marco
se ocultó tras una columna, pero un murciélago espantado delató su presencia. Tuvo que echar
mano a la espada. Demasiado tarde para huir.
Lanzó un golpe defensivo con el gladius y rodeó la columna. El silbido de la espada enemiga, -
curva y algo más larga que el corto gladius de reglamento que esgrimía Marco-, pasó apenas a un
centímetro de su mejilla. En la penumbra relució otra vez el arma de su oponente, preparándose
para asestar un golpe definitivo. La entrada la ocupaban ahora dos encapuchados más. Saltó a
tiempo de evitar el filo de la espada, entonces escuchó algo como un trueno y cayó desvanecido.
Al despertar comprobó que casi no podía girar el cuerpo, un rostro enmascarado se acercó,
agrandándose repentinamente, para alejarse y perderse en la oscuridad. Mil luces de colores osci-
laban en sus pupilas y un olor que recordaba al azufre se había quedado impregnado a sus ropas.
Sintió un pinchazo como una picadura de tábano en el brazo y perdió el sentido.
Al cabo de un tiempo indefinido, Marco se incorporó. El perfil grabado en la pared le resultaba
familiar, el cabello ondulado y largo, los grandes ojos, uno de color marrón y el otro gris, la nariz
recta...
Se impulsó con manos y brazos y salió del túmulo, sus pies golpearon la losa, que sonó como un
tétrico gong. Fuera, un sol cegador, abrasaba las pirámides. Bajó la vista intentando reconstruir la
deteriorada leyenda dibujada al pie del rostro de piedra: Alejandro el Magno.