Página 84 - SENOHI

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RELATOS DE AMBIENTACIÓN HISTÓRICA |
I SENOHI
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Ha vuelto el sueño: vívido, mucho más que el recuerdo confuso del otro sueño, que ahora es el
pasado.
Marco saltó al patio sin pensárselo dos veces y subió los escalones del altar espada en mano. Es-
quivó el filo de los cuchillos, derribando a los sacerdotes de cabezas afeitadas, cortó las ligaduras,
tomó a la niña en brazos y echó a correr en dirección hacia la puerta de Isis.
Un halcón trazó un círculo en el firmamento, guiándole hacia el embarcadero.
La niña soltó la amarra con habilidad y le pidió ayuda para desplegar la vela. Rápidamente, Marco
hundió el remo en el agua verde y fangosa, que les recibió con un murmullo de hojas sobre la co-
rriente.
El burlado grupo de acólitos ya alcanzaba la orilla, las faldas de las túnicas arremangadas, en-
cabezado por el sumo sacerdote, que blandía un cuchillo de plata. Pero para entonces, los fugitivos
se alejaban Nilo arriba.
Mednesis desplegó el papiro. Desechó la primera parte llena de fórmulas, recitando las suyas. Se
entretuvo con la segunda parte compuesta por mapas y números, dibujando sus propias líneas. Re-
creó las ideas transcritas por los copistas de la biblioteca griega, y escribió:
"Ese principio divino, espiritual e innombrable: el espíritu puro, ninguna relación tiene con lo ma-
terial. El mundo, creado y gobernado por un principio inferior se sirve a sí mismo.
La esencia espiritual del hombre fue atrapada, pero el “logos” se hará carne y será elegido para
trascender esta prisión y lo hará en el punto donde se unen los dos mundos. Es la búsqueda de ese
punto sobrenatural la que genera el prodigio".
Mednesis retuvo la pluma para concentrarse en su visión. Era la voz de Toth la que le guiaba la
mano. La risa del griego, la cabeza de la serpiente, los ojos de la noche acechándole, sombras de
formas crueles le rodeaban. Recurrió a su “Ká” para extraer energía.
Gritó otra vez la invocación protectora pues temía por sus propias fuerzas. Acto seguido, se levantó
y atravesó la tercera cámara del subterráneo de la gran pirámide.
Las paredes brillaban al resplandor de las antorchas, cromadas con escenas de sacrificios a favor
de la cosecha, a favor de Rá.
Sus espías le estaban esperando. Nada que no supiera, las noticias de Tebas hablaban de esca-
ramuzas contra los romanos, los nubios se mostraban muy inquietos, mientras los legionarios roma-
nos se paseaban desafiantes por las calles de Alejandría.
Habían capturado al elegido en las proximidades de la vieja mastaba de Krali, tal y como Mednesis
les había ordenado, pero consiguió escapar, nadie sabía cómo.
Mednesis despidió a los dos espías encapuchados, cerró la puerta y sólo entonces abrió el cofre
de Toth. El cofre mágico que hallara en el oasis de Siwa, que ahora le serviría a él y a nadie más.
Había que seguir las reglas del papiro si quería escuchar la voz, y sobre todo, si pretendía viajar
a partir de esa voz. Ya no necesitaba los jeroglíficos.
El bucle de Cronos, sí, esa era la solución, esta vez el elegido no podría escapar.
Consultó los informes de los barcos que partirían de Alejandría en el día crítico, cotejándolos con
los movimientos de los astros. Extendió la carta astral y se concentró en “Taurus”. Los signos eran
claros: si el elegido se quedaba en tierra sería asesinado, en cambio, la derrota del Nicomedes re-
sultaba perfecta. Sólo faltaba embarcar al elegido y hacerle naufragar en el bucle de Cronos.
Tras el breve ritual, apretó la palanca dorada y, al instante, un rumor de mundos invisibles llegó
hasta él.