Página 88 - SENOHI

Versión de HTML Básico

RELATOS DE AMBIENTACIÓN HISTÓRICA |
I SENOHI
|
88
|
V
Al roce de sus dedos le pareció como si el medallón se encendiera reflejando la luna.
Escuchó un lejano maullido y lentamente despertó. La silueta fugaz de un gato siamés, desapareció
tras las cajas de libros. Al incorporarse comprobó que se encontraba en el almacén de su empresa,
había sufrido un desmayo.
Un camión partía en este momento, encarando veloz la rampa de salida del almacén.
Reconoció a Montero, el capataz. No, no había visto salir a Doña Margarita.
Marco regresó al despacho para enfrascarse otra vez en la lectura de los albaranes. Debía medir
las posibilidades comerciales de la nueva remesa de libros.
Alguien se había llevado el ejemplar de los mitos egipcios.
Una agitación enfermiza se apoderó de Marco. La puerta trasera del
despacho estaba abierta y Zora, la secretaria, le advirtió que uno de los
empleados acababa de salir. Sí, claro que lo conocía, Lucio, el chico
nuevo, el del pelo rapado al cero, el que subía a la furgoneta en este mo-
mento. Marco tomó las llaves de su coche y echó a correr.
Lucio conducía tan rápido como un demonio. De hecho, estaba a punto
de darle por perdido, pero por suerte, la furgoneta tuvo que parar en un
semáforo. Marco consiguió seguirle disimuladamente hasta una urbani-
zación privada.
Oculto entre las sombras, observó cómo Lucio llamaba a la puerta de
uno de los adosados.
Alguien abrió y Lucio se internó en la vivienda.
Rodeó la casa, iba a acercarse a la ventana de la cocina, cuando reco-
noció una voz que le llamaba.
-¡Pase!, ya es hora de que hablemos.
El hombre de la puerta no era otro que el médico, Arisístedes. ¿Qué
tenía que ver con Lucio? ¿Y qué diablos hacía con el ejemplar de los mitos
egipcios en la mano?
-No necesita sobornar a un empleado para adquirir mis libros, basta
con acudir a una librería y comprarlos, dijo Marco señalando el libro.
-A veces lo que uno busca no está en venta, a veces es necesario viajar
al pasado para conseguirlo.
-¿Qué quiere decir? Nadie puede viajar al pasado.
-¡Oh!, no me refiero a este libro, por supuesto. Ni tampoco a un pasado exacto.
-El viaje en el tiempo no es posible y si lo fuera, sería en dirección al futuro. Las paradojas hacen
imposible viajar al pasado. ¿Qué sucedería si alguien se encontrara con su propio padre? Un sudor
frío hizo aparición en las sienes de Marco...
-Cierto: las leyes de la termodinámica, la flecha del tiempo que va siempre hacia adelante y todo
eso… Pero fíjese que yo no me refiero a su pasado, sino a un pasado paralelo.
Usted podría ser descendiente de Alejandro, o de Cleopatra Selene en alguna de esas vidas pa-
ralelas... O legionario al servicio de Octavio.
-Está completamente loco. ¿Qué va a hacer ahora?, ¿va a enseñarme una máquina del tiempo?
-Dígame, como médico, ¿ha sufrido desmayos?, ¿visiones?, ¿ha tenido sueños extraños?
El repentino roce de algo suave y caliente hizo que Marco mirara hacia abajo, un gatito blanco
se restregaba contra su pantalón. En ese instante, Lucio, que se había colocado disimuladamente
detrás de Marco, le clavó una jeringuilla paralizante en la pierna.
"Una máquina no, no exactamente. Hay drogas que despiertan recuerdos de vidas lejanas. Le diré
lo que quiero de usted: quiero que me traiga un libro, así de fácil. Sólo tiene que regresar a dónde
usted ya sabe y tomarlo. Esta vez le colocaremos en el lugar adecuado. Tenga cuidado, hay más
enemigos de los que cree. ¡Ah! Y no se le ocurra escribir nada en ese libro"
lucio
conducía
tan rápido
como un
demonio. de
hecho,
estaba a
punto de
darle por
perdido ...