Página 91 - SENOHI

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RELATOS DE AMBIENTACIÓN HISTÓRICA |
I SENOHI
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VII
Después de mucho, mucho tiempo, Marco se encontraba enfermo. Absorto, perplejo por su de-
bilidad.
Un salvaje estornudo le sacudió repentinamente.
Por primera vez iba a faltar al trabajo.
Acababa de sonar el despertador -como siempre a las seis de la mañana-.
Pero esta vez Marco lo había dejado sonar, y cuando se decidió a pararlo, lo había tirado al suelo
de un torpe manotazo.
Allí quedó panza arriba, zumbando cada vez más flojo hasta que cesó.
Era pronto para llamar a la editorial, así que se sirvió un desayuno más copioso de lo habitual,
ingirió varias pastillas para la gripe y se enfundó en una gruesa bata de seda.
Marco vive solo en un piso pequeño en el centro de la capital de la isla. No sabe qué hacer, se
dedica a pasear de un extremo a otro del piso envuelto en su bata gris, hasta que cae en una silla
a mitad de camino entre el dormitorio y el salón.
Había olvidado que estaba enfermo, por lo tanto, cualquier ligero esfuerzo le dejaba al borde de
la taquicardia.
Vamos a ver... ¿Qué se hace en estos casos?
Naturalmente uno se mete en la cama y se tapa bien. Así, bien abrigadito… a dormir.
No puede dormir, además ha olvidado tomar la cucharada de jarabe. Sin saber por qué, recordó
la expresión bondadosa de Margarita Selene cuando le dio el jarabe al verle estornudar a mitad de
reunión en la editorial.
Había que salir de la cama, ponerse las zapatillas y dirigirse a la cocina para alcanzar la cucha-
radita de jarabe.
Marco se agrupa todavía más sobre sí mismo levantando la manta por encima de la cabeza y en-
tornando los ojos.
Siente el eco de su respiración contra las sábanas. Los latidos del corazón y los infinitos sonidos
de su cuerpo le acarician los oídos, casi insensibilizados al exterior.
Traga un poco de saliva con dificultad. Se encuentra mal, pero está bien.
Un zumbido impertinente llega hasta sus tímpanos. La nariz está completamente tapada y los ojos,
rojos, le pesan. Tiene los pies muy fríos.
Entonces, al girar la cabeza entre las sábanas, dirigió la vista hacia el papiro que reposaba sobre
la mesa de trabajo, deteniéndose en las marcas en forma de ocho: justo el espacio para colocar el
medallón.
En cuanto Marco ajustó las dos cabezas de serpiente en el hueco creyó leer algo debajo.
De pronto, un zumbido monótono se apodera de su cerebro.
El zumbido le envuelve, le impide dormir, le obliga a abrir los ojos...
La lámpara de la mesilla le mira compasiva.
Marco pierde el equilibrio al levantarse, la cucharilla está doblada, al fondo del vaso un maremoto
se ha tragado al medicamento como si fuera un barquito que le está llamando, va a caer y el tor-
bellino de mar se lo llevará para siempre.
El mar, la flota romana, Octavio Augusto, la legión hispana…. Que no sea sin lucha. A lo mejor
es agradable. Pero no ¿Qué estaba pensando? ¿Qué estaba leyendo en el papiro?