Página 92 - SENOHI

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RELATOS DE AMBIENTACIÓN HISTÓRICA |
I SENOHI
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VIII
Mi nombre también es Marco, y al igual que el otro Marco, he viajado mucho. Debo hacerlo, si
no viajara mi propia existencia correría peligro, no puedo existir sin el otro, le necesito.
Si Marco (el otro) no hubiera conocido aquella noche en el desierto a Selene, no habría engen-
drado al abuelo, del abuelo, del abuelo…de mi abuelo.
Yo fui quien disparó al mercenario cartaginés, salvando la vida de mi antecesor, y por lo tanto, la
mía propia. También fui yo quien colocó el cadáver del mercenario entre los de la batalla, y otra vez
fui yo quien hizo que la niña se elevara por los cielos. Claro que estaba escrito que fuera él quien
la rescatara del altar de los sacrificios de Seth.
Pero ahora, dejad que tome la pluma, debo concentrarme en escribir su historia en el papiro,
porque si no, mi esfuerzo no habrá servido de nada:
El cerco de sonidos lleva sabor a mar, las olas rompen contra la cubierta de madera. Los hombres
descansan mientras el viento empuja las galeras. El sol baña las riberas extranjeras y desprende re-
flejos de fuego al chocar contra las corazas de los soldados.
Fatigado, Marco abandona la pluma y guarda el pergamino donde escribe estas notas. Pronto
desembarcarán. Ha de ver al viejo, necesita un remedio.
El dibujo algo descolorido del águila se retuerce, azotado por el lejano viento del desierto.
Marco clavó la vista en el estandarte antes de entrar en la tienda de campaña.
Las tropas de Octavio Augusto, acampadas a las afueras de Alejandría ocupaban cientos y cientos
de tiendas hasta perderse en el horizonte.
Había oído que el viejo loco buscaba la explicación del Universo. Creía haber descubierto un
modelo compuesto de letras, números y dibujos que encerraba todos los enigmas del cosmos.
El anciano griego se afanaba tras una mesa improvisando pócimas y garabateando extraños di-
bujos.
Un calendario solar en el centro de la tienda marcaba el día más largo del año.